Aceptando que pulpo es un animal de compañía y que no hay una campaña orquestada en contra de la Iglesia, me aburre leer en la prensa, oír en la radio y ver en la tele continuas opiniones que hablan de ella. Debe ser uno de los temas de más actualidad: cartas al director, analistas de sobremesa, desayuno y hasta de la cena, artículos de opinión, programas mono-temáticos y un largo etcétera. ¿Qué tendrá el agua cuando la bendicen? Y eso que hay muchas y buenas razones para desarrollar una crítica objetiva y constructiva. ¿Se me escucha? Tiempo al tiempo.
Lo cierto es que molesta cuando habla, cuando calla e incluso cuando bosteza. ¿Traumas de la infancia? ¿Deseos inconfesados? ¿Obsesiones compulsivas? Debe ser un nuevo tipo de adicción. Algo no les funciona, pero como los curas ya no confesamos, la seguridad social está saturada y no están los tiempos como para gastar dinero en consultas privadas y encima estamos en cuaresma, pues na, les aguantamos y punto. Será por paciencia. ¡Angelitos! ¡angelitas!
Debieron saltarse varios cursos de catequesis pues aún no saben lo que es la Iglesia y se confunden, la ignorancia es lo que tiene, y confunden, es lo que tiene la ignorancia.
No obstante, a tiempo están de aprender, si quieren.
Ahora bien, pretender cambios éticos y morales en pro de la modernidad, la adecuación o adaptación a los tiempos, suena a presentar las mismas mentiras con las que la tiniebla o oscuridad encubre sus obras. ¡Vamos mal por ahí! Y eso que ya conocemos la astucia con que se mueve y como envuelve en palabras vanas la triste realidad que nos toca vivir: interrupción voluntaria del embarazo, daños colaterales, desaceleración económica, trasvase de fondos, ayuda al desarrollo… ¡Lástima que tenga medido el espacio! ¡Daba para un par de Espasas!
La Iglesia defiende la dignidad de la vida humana independientemente de las condiciones psicosociales en las que se desarrolle, es decir, la vida humana es digna por sí misma, es un ser humano, imagen y semejanza de Dios, y no precisa de unas determinadas condiciones psicosociales para que se le reconozca su dignidad. Cierto es que existen excesivos condicionantes que impiden a muchos seres humanos vivir su vida con dignidad. Esa debe ser la tarea de todos y todas, poner fin a estas estructuras generadoras de dolor, sufrimiento, indignidad y muerte, pero, poner fin a la vida humana por la ausencia de condiciones necesarias para su desarrollo digno no parece la mejor opción, al menos para mí. Se valoraran otras opciones, pero ni las entiendo, ni las comparto, ni las apoyo, es más, me manifiesto en contra. ¿Puedo no? Claro está que, manifestar disidencia con respecto a determinadas posturas, no significa ir contra alguien, condenar… En última instancia la decisión de cada cual ha de ser en conciencia y yo no soy nadie para juzgar, sí para acompañar en la mejor opción. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Y no me cantes: “déjame en paz, que no me quiero salvar”, ese es tu problema. También hay que estar a la altura y acompañar al que se confunde, si se deja.
Por tanto, posicionarse a favor de toda vida humana, desde su inicio hasta su término, y comprometerse a dotarla de los medios adecuados y necesarios para vivirla con dignidad en su inicio, desarrollo y fin, creo que es, sin duda, la mejor opción. Y, por aquí, es por donde hemos de aunar esfuerzos, voluntades y opciones, además, “con la que está cayendo”, con la situación que viven tantas familias, tantos colectivos, tantos trabajadores y trabajadoras, con el desamparo en que se encuentran, y aumentando, con la ausencia de las necesarias coberturas sociales para inmigrantes, menores, ancianos, enfermos, dependientes, autónomos… (Pon tú el etcétera) ¿No crees que hay temas más interesantes y acuciantes que tratar? Hablemos de la dignidad de toda vida humana en las actuales condiciones de indignidad. Pero otro día, por hoy ya es bastante. ¡Me aburre trabajar pal inglés! Otro día te lo explico.
Se me cuide, con dignidad. ¿Cómo era la frase? ¡Ah sí! Vive y deja vivir. Mejor: Vive y celebra la vida, de todos, de todas. Ta lluegu.
Roberto Marcos
Cura en Ciañu
Lo cierto es que molesta cuando habla, cuando calla e incluso cuando bosteza. ¿Traumas de la infancia? ¿Deseos inconfesados? ¿Obsesiones compulsivas? Debe ser un nuevo tipo de adicción. Algo no les funciona, pero como los curas ya no confesamos, la seguridad social está saturada y no están los tiempos como para gastar dinero en consultas privadas y encima estamos en cuaresma, pues na, les aguantamos y punto. Será por paciencia. ¡Angelitos! ¡angelitas!
Debieron saltarse varios cursos de catequesis pues aún no saben lo que es la Iglesia y se confunden, la ignorancia es lo que tiene, y confunden, es lo que tiene la ignorancia.
No obstante, a tiempo están de aprender, si quieren.
Ahora bien, pretender cambios éticos y morales en pro de la modernidad, la adecuación o adaptación a los tiempos, suena a presentar las mismas mentiras con las que la tiniebla o oscuridad encubre sus obras. ¡Vamos mal por ahí! Y eso que ya conocemos la astucia con que se mueve y como envuelve en palabras vanas la triste realidad que nos toca vivir: interrupción voluntaria del embarazo, daños colaterales, desaceleración económica, trasvase de fondos, ayuda al desarrollo… ¡Lástima que tenga medido el espacio! ¡Daba para un par de Espasas!
La Iglesia defiende la dignidad de la vida humana independientemente de las condiciones psicosociales en las que se desarrolle, es decir, la vida humana es digna por sí misma, es un ser humano, imagen y semejanza de Dios, y no precisa de unas determinadas condiciones psicosociales para que se le reconozca su dignidad. Cierto es que existen excesivos condicionantes que impiden a muchos seres humanos vivir su vida con dignidad. Esa debe ser la tarea de todos y todas, poner fin a estas estructuras generadoras de dolor, sufrimiento, indignidad y muerte, pero, poner fin a la vida humana por la ausencia de condiciones necesarias para su desarrollo digno no parece la mejor opción, al menos para mí. Se valoraran otras opciones, pero ni las entiendo, ni las comparto, ni las apoyo, es más, me manifiesto en contra. ¿Puedo no? Claro está que, manifestar disidencia con respecto a determinadas posturas, no significa ir contra alguien, condenar… En última instancia la decisión de cada cual ha de ser en conciencia y yo no soy nadie para juzgar, sí para acompañar en la mejor opción. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Y no me cantes: “déjame en paz, que no me quiero salvar”, ese es tu problema. También hay que estar a la altura y acompañar al que se confunde, si se deja.
Por tanto, posicionarse a favor de toda vida humana, desde su inicio hasta su término, y comprometerse a dotarla de los medios adecuados y necesarios para vivirla con dignidad en su inicio, desarrollo y fin, creo que es, sin duda, la mejor opción. Y, por aquí, es por donde hemos de aunar esfuerzos, voluntades y opciones, además, “con la que está cayendo”, con la situación que viven tantas familias, tantos colectivos, tantos trabajadores y trabajadoras, con el desamparo en que se encuentran, y aumentando, con la ausencia de las necesarias coberturas sociales para inmigrantes, menores, ancianos, enfermos, dependientes, autónomos… (Pon tú el etcétera) ¿No crees que hay temas más interesantes y acuciantes que tratar? Hablemos de la dignidad de toda vida humana en las actuales condiciones de indignidad. Pero otro día, por hoy ya es bastante. ¡Me aburre trabajar pal inglés! Otro día te lo explico.
Se me cuide, con dignidad. ¿Cómo era la frase? ¡Ah sí! Vive y deja vivir. Mejor: Vive y celebra la vida, de todos, de todas. Ta lluegu.
Roberto Marcos
Cura en Ciañu

